jueves, 11 de febrero de 2010

DON ANTENOR SÁNCHEZ

A Don “Sanca” se le ha “Escapao” un Personaje…

Se entiende que toda obra literaria es una construcción que se realiza desde la ficción y se la condimenta con marcas que ayudan a crear efectos de verosimilitud en la misma. Por otra parte, hay teorías que afirman que las obras literarias tienen invariablemente una raíz que proviene de la realidad y es el autor quien moldea los hechos acaecidos y los personajes intervinientes y construye con su genialidad y virtud, convirtiéndolos en un producto de ficción, para ponerlos a disposición del lector.



De esta manera se dice que los sucesos que acontecen dentro de la obra atribuida a Homero, ya habían pasado por la tradición oral en los pueblos de la antigüedad. Que la obra que se la atribuye a Shakespeare había sido recogida por el autor en las cortes europeas. Incluso el mismo Martín Fierro de Hernández, lleva la marca de nuestro Héroe Nacional, el General don Martín Miguel de Güemes.



Pero la prueba más latente se observa en el famoso relato de don Juan Carlos Dávalos: “El Viento Blanco” (1922), de gran repercusión nacional y que fuera traducido, hacia 1952, al italiano, al francés, al alemán y al inglés. En el relato de esta obra, surge un personaje principal, don Antenor Sánchez quien “hacíase querer de sus peones porque, siendo superior a ellos, los trataba de igual a igual, con afecto de amigo. Lo respetaban porque era más hombre que todos ellos, y lo admiraban porque era capaz de acciones bellas y generosas. Toda su persona respiraba franqueza; sus grandes ojos negros expresaban perspicacia y lealtad. Era hidalgo de raza y gaucho por educación y por temperamento. Sin perder las cualidades de su casta, habíase asimilado todas las aptitudes físicas y espirituales del nativo. Y era sobrio como un indio, aguerrido como un indio, conocedor como un indio de las cosas del campo.” Conforme las palabras de don “Sanca”.

El Personaje Cobra Vida…

José Francisco Antenor Sánchez, nació el día 25 de enero de 1882, era hijo legítimo de don Antenor Sánchez y de doña Eliodora Ormeño, ambos unidos en matrimonio el día 25 de febrero de 1881 en la Parroquia de San José de Cerrillos (Salta). Su abuelo paterno se llamaba Napoleón Sánchez, vecino de Rosario de Lerma y sus abuelos maternos fueron Jacinto Ormeño, de Cerrillos y Carlota Villafañe, oriunda de Catamarca.

Recién el 29 de enero de 1882 el Cura Interino don Serapio Gallegos, el mismo que había casado a sus padres, bautiza solemnemente y pone óleo y crisma, ante la presencia de sus padres y de los padrinos don Manuel F. Gallo y doña Ricarda Gallo, a quienes se instruyó del parentesco espiritual con el bautizado y los padres de éste y de las obligaciones que, como tales padrinos, contraían.

El Niño y el Adolescente…

Don Antenor, tal cual lo conocieron, aunque el firmaba José Antenor Sánchez, tuvo una infancia acomodada, ya que sus padres eran comerciantes y dueños de propiedades rurales dedicadas tanto a la agricultura como a una de las actividades más importante de la época, la cría y engorde de animales mulares que se vendían en todo el ámbito de nuestro noroeste, como en las ferias de Coquimbo (Chile), Lima (Perú) y La Paz (Bolivia).

Terminó normalmente sus estudios primarios, iniciando los secundarios en el Colegio Nacional de Salta, donde, al terminar el segundo año, sufrió una injusticia por parte de uno de los profesores que lo había herido tanto que jamás quiso volver a estudiar. Esta terquedad en su decisión, hizo que su padre sentencie: “Si se niega a estudiar, tendrá que ir a la finca a trabajar”.

Se va Formando el Gaucho…

“En el campo –cuenta Antenor- tuve que trabajar en todo, sin exceptuar ninguna de las faenas del mismo”. Claro que no lo habían mandado premiado, tenía un montón de labores como un peón más, posiblemente para hacerle sentir la necesidad de seguir sus estudios, pero eso jamás ocurrió. Se manejaba en un caballito que nadie le quería herrar y a esa corta edad, desobedeciendo a un potrerizo llamado Pedro Valdiviezo, ensilló dos potrancas chúcaras de su padre, no obstante su corta edad, amansándolas a ambas con una destreza de la que no se explicaba. Al enterarse su padre, se sorprende de tal hazaña y en recompensa le regala dichos animales para que haga los relevos al pobre caballito con el que había comenzado su formación en el campo.



Los Arreos…

Siguió ensillando chúcaros hasta convertirse en uno de los mejores jinetes de la propiedad rural de su padre. Después entró a trabajar con arreos de ganado gordo para Chile, que había necesidad de apartar, para lo que se necesitaba buen caballo, teniendo que aprender a educar en la boca para no pasar vergüenza en los rodeos, perfeccionando sus aprendizajes en la provincia de Coquimbo (Chile) donde tuvo que estar varios meses por recomendación médica ya que sufría de paludismo y le dijeron que haga baños en el mar. Allí en el hermano país, ensilló varios caballos de sus amigos amansándolos y continuando con la educación en la boca de los animales. Un 6 de enero desfiló en las fiestas patronales de un pueblo llamado Diaguitas con un potro amansado por el mismo. En Chile aprendió que el hombre de campo se le dice “Maucho”, pues Gaucho es sinónimo de cuatrero. Allí conoció a don Crispolo Varela, quien le enseñó a trabajar los potros con más paciencia y sin esfuerzo mayor, menos riesgoso que en la forma que comúnmente lo hacen los hombres de esta tierra. Estas enseñanzas le hicieron sobresalir, como el dice: “sobre el gauchaje de mi pago, y donde anduviera y tuviera oportunidad de demostrarlo.”

Una Anécdota de Nuestro Gaucho don Antenor.

Cuenta Alberto Córdoba en su relato titulado “Antenor Sánchez” lo siguiente: “Habíamos ido a Tarija a vender mulas. Antenor montaba una muy nuevita y de hermosa estampa. Todavía no largaba bien su marchado. De tanto en tanto se trababa, si la montaba otro que no fuera él. Un estanciero de esa zona le propuso comprársela y cerraron trato. Llevóse la mula y a la tarde regresó en son de queja, diciéndole:


-Vea don Antenor, este animal no anda como cuando lo vi…
-¡No puede ser! –respondió don Antenor, y añadió: -A ver, bájese. Le voy a demostrar que es de lo mejor y que anda como cuando usted la vio…
Montóla, le movió un poco las riendas, contorneóle su cuerpo, trabándola, y la dejó andar a voluntad. La mula soltó el mismo andar (marchado) que había despertado el entusiasmo y la codicia del estanciero.
-¡Ha visto amigo! –y al hacerla rayar, echaba pie a tierra con las riendas en la mano.
El estanciero la subió y como no andara bien, volvió a protestar:
-¿No ve?... ¡Si no anda!... ¡No hei venío a quejarme de vicio!...
Y le retrucó don Antenor:
-Y, mi amigo, ¡que quiere que haga! Yo le vendí la mula, pero no mis piernas…”



El Costado Económico…

Si bien es cierto, su cuna fue reconfortada por el buen pasar económico de sus padres, don Antenor no supo de administraciones, pues no fue educado en el manejo del dinero. Como él mismo dijera: -“Mi padre nunca me daba dinero para los gastos del viaje. ¡Cuánto se lo agradezco! Así me enseñó a procurarme lo necesario con mi propio esfuerzo.”

El mismo Córdoba escribe en circunstancias en que hablaba con don Antenor sobre el cóndor: -“Siempre he pretendido imitar su conducta –me interrumpe don Antenor-; el cóndor es animal sin debilidades y de mucho amor propio. Dicen que huye de su nido y busca la soledad cuando se siente morir, porque se avergüenza de abrir sus alas abatidas sobre la costra de la tierra y frente a los suyos…”



“Mientras me decía esto, se notaba una velada emoción en su voz, que amenguó, fugazmente, su menuda y recia figura de bronce, en tanto que en sus ojos brillaba la añoranza de la lucha áspera y riesgosa de los caminos y sendas cordilleranos. El sabía que yo no ignoraba que había perdido todos sus bienes en Salta; y por ello, después de un silencio, sin quitar los ojos del cóndor que planeaba en el infinito, añadió con serenidad:
-Y… así es, amigo. Antes de abrir las alas en mi terruño, me vine para acá…”

Formando el Hogar…

“Tiene de su mocedad
Otro premio en Lola Mera;
Su esposa, su compañera,
Que hizo su felicidad,
Con su amor, con su bondad,
Tejió un nido de primores,
Dando desde sus albores,
Hasta blanquiar, el otoño
Un fruto en cada retoño
De sus más puros amores.”
-Estrofa XVI de “A DON J. ANTENOR SANCHEZ - GENUINO REPRESENTANTE DE NUESTRA ESTIRPE GAUCHA” de Félix Sagasta.



Su esposa fue doña Lola Mera, hermana de don Julio Mera, casado con Lía Figueroa, padres de Julio Mera Figueroa. Aunque a la muerte de don Antenor, en una publicación del diario “El Intransigente”, su esposa figura como Arminda P. de Sánchez, lo cual dudo que se trate de la misma persona, creyendo que es la mujer que lo acompañó en los últimos tramos de su vida. En la misma esquela se nombra a sus hijos: Lelia Sánchez Mera (casada con Roberto Espinosa); Arturo Sánchez Mera (casado con Sara Peña Buitrago); Néstor Sánchez Mera (casado con Emma Pena Bores); Ernesto Sánchez Mera (casado con Sara Lía Córdoba Navarro); Lola Sánchez Mera (casada con Mateo V. Gondra) y Sergio Sánchez Mera (casado con Haidée Arzani).

De personaje de un Relato a Autor de un Libro…

Este personaje de “El Viento Blanco”, como dijimos al comienzo, quiso transmitir “para bien de mis hermanos de Patria, escribo este libro que puede ser instructivo y que se hace necesario para que nuestra tradición no pierda, una de las condiciones más gauchas como es manejar con destreza su sillonero.” Por lo que en el año 1956, a la edad de 74 años, publica su libro “Apuntalando La Tradición – Amanse y Arreglo de Potros y Mulas”, el que se divide en dos partes sin nombres cada una y, la primera consta de 14 títulos y la segunda 31. Ambas partes misturan las enseñanzas que hace don Antenor Sánchez sobre los trabajos en los animales para su amanse, con poemas, prosas y cartas escritas por figuras como Juan Carlos Dávalos, Eduardo A Trejo, Alberto Córdoba, Arturo Dávalos, Félix Sagasta, Ing. Romeo M. gaddi (quien compartiera el último viaje a la puna con el ya viejo don Antenor) y el relato de “Las Rondas” de don Abel E. Mónico (padre de otro gaucho famoso de Salta, don Abel Mónico Saravia y abuelo de Juan Pablo Mónico, joven que en la actualidad conserva las tradiciones gauchescas, tanto en su vestimenta como en su conocimiento en cuestiones del campo, amistad, bondad y solidaridad).



Como gaucho de ley y cuidadoso de las relaciones con sus amigos, don Antenor le solicita autorización a don Juan Carlos Dávalos para incluir en su libro “El Viento Blanco”, el célebre escritor le contesta en una breve carta que lo autoriza a publicar su relato y, a la vez, le pide que incluya también una breve relación sobre costumbres camperas que escribiera un amigo en común, don Abel Mónico, sincerándose el autor de “Cuentos y Relatos del Norte Argentino” entre otros títulos de renombre: -“Ud., sabe que yo soy un gallego en cosas del campo y que, aunque autor de “Los Gauchos”, jamás he domado ni perro ni gato.” Para luego despedirse: “Deseándole felicidades y éxito, lo saluda con invariable afecto su amigo Juan Carlos Dávalos”.

El Trabajador y el Político…

“El pueblo que ha valorao
Sus cualidades, su hombría,
Supo darse el gusto un día
De elegirlo diputao,
Y aunque se hubiera negao
Por creer demasiado honor,
Supo ser legislador
Pa bien de aquel pueblo suyo,
Sin vanidad, sin orgullo,
El gaucho don Antenor.”
-Estrofa XVII de “A DON J. ANTENOR SANCHEZ - GENUINO REPRESENTANTE DE NUESTRA ESTIRPE GAUCHA” de Félix Sagasta.



En una gestión que duró un año, porque así fue el lapso por el que fue elegido, don José Francisco Antenor Sánchez, fue diputado provincial de las filas de la “Unión Cívica Radical” (U.C.R.) por Campo Quijano (Salta), ganando en la oportunidad por más de 1.400 votos. Pero también tuvo un trabajo en la administración pública, ya que fue jubilado de la Administración General de Aguas de Salta (A.G.A.S.) de cuyo magro sueldo y con la frente alta, mantuvo su familia, crió y educó a sus hijos en las sendas del bien, consiguiendo algunos de ellos títulos universitarios.

Enfermedad y Muerte…

Después de una penosa enfermedad que lo llevó a tratarse a la ciudad de Buenos Aires y, viendo que los médicos no le podían aliviar en sus dolencias, decidió volver a sus cerros en el “Portal de los Andes” para esperar en compañía de su familia y amigos, el triste momento de la despedida. Faltaban pocos días para que cumpliera los 83 años, pero no llegó. El 8 de enero de 1964 a las 09,45 confortado con los auxilios de la Santa Religión y la Bendición Papal, fallecía en su casa de la calle Güemes 306 de Campo Quijano.


Su fallecimiento provocó un profundo sentimiento de pesar, sus familiares recibieron múltiples mensajes de condolencias. Al otro día, en la Iglesia Parroquial “Apostol Santiago” se realizó un funeral con cuerpo presente a cargo de Monseñor Marcos Lira y de los Presbíteros de Chicoana, Rvdo. Pedro Acuña y de Rosario de Lerma, Rvdo. Padre Ramón Barrufet.



Posteriormente, una nutrida caravana acompañó sus despojos mortales hasta el cementerio de Campo Quijano. El ataúd marchaba cubierto de un poncho rojo, el mismo que de por vida vistiera con tanta gallardía don Antenor Sánchez. Dos gauchos en hermosas cabalgaduras encabezaban dos filas de hombres y mujeres que portaban palmas y coronas, en una expresiva manifestación de típica adhesión al duelo provocado por la desaparición de quien llenara todo un largo y significativo jalón de la historia salteña, enraizadas en sus más puras tradiciones.



En el cementerio, pronunciaron sendos discursos los señores Miguel Aráoz, por la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes y Epifanio López, Presidente de la Agrupación Gauchos de Güemes de Chicoana, fundada por don Antenor. Las palabras fueron muy emotivas que por razones de espacio no las transcribimos aquí.



Tal cual la primera oración de “El Viento Blanco” cabe en la última oración de la vida de este noble gaucho salteño: “Antenor Sánchez dio la voz de alto.”



Fotografías:

Imagen 1: Juan Carlos Dávalos (Contratapa de El Viento Blanco de Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños (1993);
Imagen II: Tapa del Libro El Viento Blanco C.B.E.O.A.S. (1993).
Imagen III: Antenor Sánchez (Libro Apuntalando la Tradición - 1956)
Imagen IV: Antenor Sánchez (Libro Apuntalando la Tradición - 1956)

Imagen V: Antenor Sánchez (Libro Apuntalando la Tradición - 1956)

Imagen VI: Antenor Sánchez, Diario El Tribuno 10-01-1964. Extraída por Juan Angel Salazar
Imagen VII: Tapa del libro Apuntalando la Tradición.
Imagen VIII: Antenor Sánchez en libro Apuntalando la Tradición.
Imagen IX: Antenor Sánchez con Chacho Rollo en diario El Intrasigente de 10-01-1964. Extraida por Juan Angel Salazar
Imagen X: Placa en el nicho de Antenor Sánchez. Extraida por Rolando Iñigo y Genio
Imagen XI: Foto en el nicho de Antenor Sánchez. Extraida por Rolando Iñigo y Genio
Imagen XII: Nicho de Antenor Sánchez. Extraida por Rolando Iñigo y Genio.
Imagen XIII: Placa en el nicho de Antenor Sánchez. Extraida por Rolando Iñigo y Genio

Fuentes:
DAVALOS, Juan Carlos. "EL VIENTO BLANCO" Ed. Comisión Bicameral Examinadora de Obras de Autores Salteños. Salta: 1993.
 
SANCHEZ, J. Antenor. "APUNTALANDO LA TRADICIÓN - AMANSE Y ARREGLO DE POTROS Y MULAS". Salta: 1956.
 
Diario El Tribuno de Salta, 9 y 10 de enero de 1964.
 
Diario "El Intransigente" de Salta, 9 y 10 de enero de 1964.
 
Libro Nº 5, Folio 16 de Matrimonios de Cerrillos (Archivo Arzobispado de Salta).
 
Libro 10, Folio 208, Años 1878 a 1882 de Bautismos de Cerrillos.

6 comentarios:

  1. MUY BUEN ARTÍCULO PATRICIA

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. MUCHAS GRACIAS ROLANDO, PATRICIA Y J.E.P.P., QUE BUIENO LO DE LOS LIBROS, HAY GENTE INTERESADA EN ELLOS Y CUANDO QUIERAS TE DAS UNA VUELTA POR ESTOS PAGOS.

    ResponderEliminar
  4. LA ANÉCDOTA DE LA MULA QUE VENDIESE DON ANTENOR SANCHEZ Y QUE TERMINA CUANDO DON ANTENOR MANIFIESTA AL DESCONFORME COMPRADOR, QUE EL LE VENDIÓ LA MULA Y NO SUS PIERNAS, ES TAL CUAL RECUERDO QUE LA CONTABA MI PADRE, SALVO POR EL DETALLE DE QUE EL COMPRADOR ERA UN COYA. MI PADRE CONOCIÓ A DON ANTENOR A MEDIADOS DE LOS AÑOS 40, SIENDO ÉL UN JOVEN AGRÓNOMO DEL MINISTERIO DE AGRICULTURA DE LA NACIÓN.

    ResponderEliminar