martes, 23 de febrero de 2010

LA BATALLA DE SALTA

Bartolomé Mitre, cuando habla sobre la Batalla de Salta y los días previos a la misma, abunda en detalles geográficos y hechos acaecidos en esas patrióticas jornadas de febrero de 1813. Por ello, y para ubicarnos perfectamente en esos lugares de nuestra Salta, vamos a recorrerlos y reconocerlos tal como se los conocía a proncipios del siglo XIX en una experiencia que considero por demás interesante.



Esa misma tarde del día 13 de febrero de 1813 en que se había juramentado la Enseña Patria en el antiguo Río Pasaje y, a que a partir de ese día se llamaría: "Río del Juramento", el ejército patriota a cargo del General don Manuel Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús José Belgrano continuaba su marcha. Distaba 26 leguas de Salta y el enemigo no la había sentido aún. El 14 fue sorprendida por la vanguardia patriota la avanzada real situada en Cobos, dejando en el campo algunos muertos y prisioneros. Los pocos que escaparon, no supieron informarle a Tristan si se trataba de una partida suelta o una parte del ejército patrio en marcha. El general realista pensó que se trataba de un hecho aislado.



El tiempo no lo ayudaba a Belgrano, pero aún así, avanzaba por los malos caminos y las continuas lluvias. Atravezó La Ciénaga, siguió a La Cabeza del Buey, llegando bajo un copioso aguacero a Cobos, donde encontró establecida su vanguardia. Siguió su marcha por los cerros y por el valle de La Ramada, remontando el arroyo que iba crecido. Al llegar a la Punta del Ojo del Agua, donde el camino se bifurca, mandó su vanguardia por el camino de la izquierda, hacia el Portezuelo (Grande y Chico), única entrada conocida de la ciudad; al tanto que él con el grueso del ejército, tomó el camino de la derecha a Lagunillas (o La Lagunilla), donde acampó el día 18, a 3 leguas de su objetivo, sin que el enemigo sospeche de su presencia.


Cuando al fin el general Pío Tristán se persuade del movimiento de Belgrano, espera el ataque patriota por Los Portezuelos, donde reconcentrara su vigilancia. Previo un prolijo reconocimiento del terreno, acompañado por su Estado Mayor, manda a fortificar y artillar el sitio mencionado, pensando que al entrar por allí el enemigo, serían ventajósamente batidos.




La vanguardia patriota llega hasta Higuerillas donde se enfrenta con la realista que se encontraba resguardada en el Zanjón de Sosa; mientras tanto, Belgrano, asesorado por el capitán don José Apolinario Saravia, conocido como "El Chocolate" por el tono oscuro de su piel, de que existía otra senda oculta más al norte, por la Quebrada de Chachapoyas. A ésta la forman dos serranías, del sur y del norte, entre la prolongación del Cerro San Bernardo por el este y la cadena montañosa que limita el inmediato valle de Mojotoro. A 143 metros sobre el nivel del valle de Lerma, se alza una agreste garganta del mismo nombre, disimulada por una rica vegetación arbórea. El ejército pasa por este punto en la tarde del 18 de febrero bajo una espesa lluvia, dando paso a la artillería y a 30 carretas del bagaje. Al amanecer del día 19 se hallaba el ejército de Belgrano en la hacienda de Castañares, a una legua de Salta.


El general Tristán recibe el parte con la novedad de que el enemigo se encontraba a la retaguardia, sin saber de la existencia del paso de Chachapoyas, exclamando: "¡Sólo que fueran pájaros!"; pero subiendo a una altura se cercioró por si mismo de la verdad, por lo que varió de posición sus tropas, dando ahora frente al norte.



Los patriotas formaron en cinco columnas paralelas de infantería en línea de masas, con ocho piezas de artillería divididas en secciones a retaguardia; dos alas de caballería en la línea de batalla y una columna de las tres armas con cuatro piezas de artillería, formando la reserva. Decía Mitre que esta formación tenía sus vicios por la dispersión de la artillería y la colocación de un ala de caballería contra el cerro que no le permitía obrar. En cambio, la formación del enemigo era más hábil ya que se consultaron los accidentes del terreno para la distribución de las armas. Con un fuerte de 3.500 hombres, Tristán formó dos líneas. En la primera colocó tres batallones de infantería, avanzando por el pié del San Bernardo con una columna ligera de 200 hombres. Sobre la izquierda de su primera línea desplegó un cuerpo de 300 jinetes y al frente de la primera línea estableció diez piezas de artillería. La segunda línea se componía de dos batallones en columna y en la retaguardia estaba la reserva y el parque.


Así quedaron toda la tarde del 19 hasta el amanecer del 20 de febrero de 1813, el cielo gris se abrió dando paso a los rayos del sol. Belgrano había amanecido muy enfermo, pero aún así comenzó el avance hacia Salta junto a sus hombres y capitanes como el Tte. Cnl. don Manuel Dorrego; el Cdte. don José Superí y don Francisco Pico; el Sgto. My. don Carlos Forest y el Cdte. don Benito Alvarez; el Tte. Cnl. don Cornelio Zelaya; el Capitán don Antonio Rodríguez; el Tte. Cnl. don Gregorio Pedriel; el Sgto. My. don don Diego González Balcarce; el Capitán don Domingo Arévalo, los Tenientes don Antonio Giles, don Juan Pedro Luna y don Agustín Rávago; el Cap. don Francisco Villanueva y don Benito Martínez y el Teniente de Dragones don José María Paz que sería con el tiempo uno de los primeros generales de la América del Sur; el Mayor General don Eustaquio Díaz Vélez; el Cnl. don Martín Rodríguez. Con la reserva marchaba el General Belgrano, llevando la nueva bandera azul y blanca que por primera vez recibiría el bautismo de fuego y sangre.


La lucha comienza con el ataque sobre la izquierda realista con dos compañías de cazadores apoyadas por la caballería, siendo herido el mayor general Díaz Vélez retirándose del campo. Belgrano dio la orden de atacar la columna ligera que estaba en las faldas del cerro San Bernardo y a la vez se atacase el ala izquierda del enemigo, orden que Dorrego cumplió recuperando el terreno perdido, viéndose al enemigo replegarse con desorden a la ciudad, siendo seguidos por los otros batallones de refresco atemorizados y desorganizados. El centro enemigo, mostró mayor firmeza, pero fue superado por Superí y Forest abandonando parte de su artillería, una bandera, varias cajas de municiones, dejando el suelo cubierto de muertos y heridos y algunos hombres ahogados en el tagarete. El flanco derecho de Tristán, que ocupaba las laderas del San Bernardo, también fue vencido rindiéndose la mayor parte.


Un vivo fuego se hacía sentir en la ciudad, pues el ejército patrio se había precipitado a las calles, atravesando el Tagarete (Av. Entre Ríos) y llegando hasta cerca de cuadra y media de la Plaza Mayor, cuyas avenidas estaban fortificadas con fuertes palizadas, y se posesionaron del templo de la Merced, desde cuya torre hicieron tremolar en señal de triunfo un poncho de colores argentinos, que hizo las veces de bandera, luego de tres horas de fuego, el ejército de las Provincias Unidas había vencido.



El grueso de los realistas, desobedeciendo a Tristán se refugiaron en la iglesia - catedral (actual confitería New Times), donde una porteña subió al púlpito exhortándolos a cumplir su deber, pero el temor de la tropa pudo más que los improperios vertidos por la animosa mujer.

Al realizarse las capitulaciones, los dos ejércitos se encontraban frente a frente, el realista dispuesto a entregar las armas y la plaza y el patriota para recibir las armas y entrar en ella. El ejército español estaba compuesto de americanos, incluso Tristán y Goyeneche lo eran, por lo que Belgrano dispensó a su humillado rival de la vergüenza de entregarle personalmente su espada, y recordando su antigua amistad, le abrazó tiernamente en presencia de vencidos y vencedores.


Los trofeos de esta victoria fueron: 3 banderas, 17 jefes y oficiales prisioneros en el campo de batalla, 481 muertos, 114 heridos, y 2.776 rendidos, incluso cinco oficiales generales, 93 de la clase de capitán a subteniente y 2.683 individuos de tropa; en todo, 3.398 hombres, que componían todo el ejército de Tristán, sin escapar uno solo. Además 10 piezas de artillería, cinco de ellas tomadas en el combate; 2.188 fusiles, 200 espadas, pistolas y carabinas, todo su parque, su maestranza y demás pertrechos de guerra. Los anales argeninos no recuerdan un triunfo más completo. La pérdida del ejército patriota consistió en 103 muertos, 433 heridos y 42 contusos: en todo 378 hombres.


En medio del campo de Castañares fueron enterrados los muertos de ambos ejércitos, en una fosa común, y sobre ella se levantó una gran cruz de madera con esta sencilla y elocuente inscripción: "Aquí yacen los vencedores y vencidos el 20 de Febrero de 1813."

1 comentario:

  1. La Cruz del 20 de febrero de 1813 hoy se encuntra en la Iglesia de La Merced (calle Caseros al 800) habiendo sido reemplazada por la actual cuando fue inaugurado el Monumento a las Glorias del Norte, comunmente conocido como Monumento 20 de febrero

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