viernes, 12 de marzo de 2010

UN BARCO ENLAZADO EN AGOSTO DE 1806

Por Roberto Elissalde


En la flota al mando del comodoro Sir Home R. Popham, que partió de Santa Elena, se encontraba el buque mercante Justine. Era uno de los tantos abarrotados de mercadería que pensaba hacer buena plata con los productos que transportaba. El sábado 9 de agosto, Liniers con un cañón de 8 libras que había hecho colocar en la barranca del Retiro , apuntó a este barco que junto con otros se había arrimado a ese punto para bombardearlo. La bala pegó en el mástil de mesana, viniéndose abajo la bandera inglesa, entre el entusiasmo de la tropa que lo tomó como un signo de buen augurio .


El 12 de agosto se produjo una gran bajante en el río, y como la flota inglesa por efectos del temporal había sufrido averías en algunas de sus naves; para ayudar al ataque por tierra algunas de acercaron a la costa.


El Justine lo hizo demasiado y quedó varado por la bajante, la que continuó dejándolo casi en seco.

En esas circunstancias Juan Martín de Pueyrredon destinó a un piquete de caballería que acudiera a tomar la nave.


Los paisanos felices marcharon a cumplir la orden, los caballos sudados por el esfuerzo del día, hundían sus cascos en el barro, pero seguían avanzando hacia la nave, la que tomaron sin resistencia, mientras con maestría enlazaban los palos de la misma. En este episodio casi sin precedentes se encontraba el futuro general Martín Miguel de Güemes .


El salteño que tenía 21 años, antes de esta acción, venía galopando por el camino de postas, proveniente de La Candelaria, paraje situado a 79 leguas (395 kilómetros) de Buenos Aires. Traía un despacho del virrey Sobre Monte a Liniers, cumpliendo tamaña hazaña en menos de treinta horas .


Liniers tuvo la suerte de apresar otros dos barcos mercantes ingleses, que llegaron creyendo que Buenos Aires estaba todavía en poder de sus compatriotas, y que traían pólvora, municiones y mucho paño, que utilizarían los paños que venían en los barcos mercantes para la confección de los uniformes . Quizás en la Justine como sostiene Augusto G. Rodríguez “había una apreciable cantidad de galeras, que se aprovechó para dotar de cubrecabezas a los cuerpos militares. Esto, que es como un “se dice”, tiene visos de verosimilitud, pues no ha habido en el mundo entero ejército alguno cuyas unidades exhibieran prenda tan singular” .


Güemes siguió en Buenos Aires y sentó plaza en el Regimiento de Infantería, en abril de 1807, don José Ignacio de Merlos, requerido por la Real Audiencia calificaba al cadete como “un sujeto de honor, actividad e irreprensible conducta”; con una partida de seis u ocho hombres de su elección le fue encomendado el cuidado de la amplia costa el río para vigilar la presencia de naves británicas y combatir el contrabando tan habitual en esos parajes .

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